viernes, junio 09, 2006

BMW


Entro a la consecionaria que es súper lujosa. Al rato viene un vendedor vestido con camisa blanca y pantalón negro.

Le digo: "mire, lo que tengo que de decirle no es fácil. Tengo una enfermedad terminal y me quedan dos meses de vida. Desde que me enteré que iba a morirme - hace 6 meses - me encargué de cumplir todos mis sueños: volé en parapente, acaricié a un tigre, platé un árbol, escribí un libro, conocí a Joaquín Sabina, viajé a Nueva Zelanda y canté como Fredy Mercury. Lo único que me falta por hacer es conducir un BMW".

Me mira sin entender nada.

Lo miro con cara de moribunda.

"Esperá", me dice.

Sube a un entrepiso vidriado. Lo veo hablar con un señor de traje negro. Al rato, el señor del traje negro gira su cabeza para mirarme desde arriba: ahí estoy yo, con mis botitas de gamusa y mi abrigo de corderoy: doy verdadera lástima.

Yo rezo y cruzo los dedos.

El vendedor baja las escaleras muy serio. Se acerca a mi y me dice: ¿cuál te gusta?.


¡ESE!

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