viernes, junio 30, 2006

Argentina perdió y estoy triste

Antes de que empiece el alargue,

salí a comprar chicles por que la verdad es que ya no me quedaban mas uñas que morder.

El barrio estaba vacío,

parecía una ciudad fantasma,

una ciudad muerta y sin caras.

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Pasamos los treinta minutos del alargue sin pena ni gloria.

Y después los penales (¡Pato, tendrías que haber estado ahí, defendiendo el arco argentino!).

Nos clavaron cuatro al hilo.

Y cuando Cambiasso patió lo que sería la ultima pelota en pierna argentina,

el lungo arquero alemán se avalazó sobre el balón,

y lo agarró como a un tesoro.

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La tristeza fué sublime,

implacable.

La gente se levantó de sus sillas,

se fué,

sin siquiera ver,

la tristeza de los jugadores,

desparramados en el pasto del estadio germano,

pensando que habrá que esperar,

otros cuatro años,

para el próximo mundial.


NB: ¡Qué bien Ayala!.

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